ESTUDIOS BIBLICOS

 

Estudios de profetas y profecía - Bill Hamon

bill hamon


 

CAPITULO 8
ACAN Y EL “SÍNDROME DE MI MINISTERIO”

  La Severidad del Juicio de Dios sobre Acan. El gran pecado de Acan  fue tomar de la conquistada ciudad de Jericó un vestido babilónico, una barra de oro de dos libras, y alrededor de ocho libras de plata (Josué 6:17 - 19; 7:1-26). El pecado fue serio porque Dios había declarado explícitamente que todo el oro, la plata, el bronce y el hierro fuese dedicado al tesoro de Dios. El había dicho adicionalmente que si algunos soldados lo tomaban para sí mismos, serían maldecidos e incurrirían también en una maldición de Dios sobre todo Israel.


       Todo, incluyendo humanos y animales en Jericó, debía ser asesinado y destruidos por fuego. Si alguno rompía el mandamiento de Dios, ellos recibirían el mismo juicio decretado para Jericó. Acan hizo justamente eso, así que el y su familia y animales fueron apedreados hasta la muerte por los israelitas luego quemados y cubiertos con un montón de piedras.

         Un Nuevo Lugar Es un Lugar Peligroso. Los severos juicios de Dios se manifiestan cuando El está estableciendo a su pueblo en un nuevo ministerio y una nueva  restauración de la verdad. Por esta misma razón, El mató a Ananías y Safira al ser mentirosos cuando él estaba estableciendo la Iglesia del Nuevo Testamento (Hechos 5:1-11).
         El propósito de Dios con tal severidad es producir un temor de Dios reverencial dentro del pueblo y dejar saber a todos que El es serio acerca de los principios que está estableciendo para Su nuevo mover.
Yo creo que el actual movimiento Profético ha llevado a la Iglesia “a través del Jordán” en su viaje de restauración para poseer la tierra poseída de Canaán.
         Si este es un hecho divinamente establecido, el juicio ha comenzado con la casa de Dios, y su severidad en juzgar toda desobediencia ha comenzado a ser manifiesta en la Iglesia desde 1988, cuando nació el Movimiento Profético. (Ver “Los comienzos del Movimiento Profético” en capítulo 7, volumen 2 de esta serie).
         La Trampa y la Debilidad del Carácter de Acan. ¿Que fue lo que  llevó a pecar a Acan como lo hizo mientras miles de sus compañeros soldados Israelitas resistieron la tentación? Cuando Josué preguntó a Acan por sus razones, él respondió, “Yo vi, yo deseé, yo tomé, yo lo puse en mi tienda”. Claramente la raíz de su problema fue el egoísmo.
         Acan fue como los cristianos que están atrapados en el séptimo capítulo de Romanos, cuando las palabras, me, mí, yo mismo, y yo son repetidas cincuenta y dos veces en veintiséis versículos. La gente en esa condición necesita moverse hacia Romanos capítulo ocho - desde el capítulo del “egoísmo” en sus vidas, al capítulo del “Espíritu” donde la divinidad es mencionada cincuenta y siete veces en treinta y un versículos, y hay solamente dos pronombres en primera persona. Cuando quitas la I de SIN (pecado) y la reduces a cero se convierten SON (hijo). La verdadera condición de hijo en Jesucristo la logramos muriendo al yo y permitiendo que la vida de Cristo sea hecha manifiesta en nuestros cuerpos mortales (2° Co. 4:10-11; Ga. 2:20).
         Si fallamos en movernos al capítulo ocho, terminaremos haciendo la oración que Pablo hizo al final del capítulo siete: “Miserable de mi, quien me librará de este cuerpo (vida orientada al yo) de muerte” (Ro. 7:24).
         El Síndrome de “Mi Ministerio”. Esta es la debilidad de carácter que yo llamo el “Síndrome de Mi Ministerio”. La mala semilla de la actitud de Acan fue el egoísmo y la preocupación únicamente por el “mí y lo mío” sin preocuparse por otros con similares necesidades y oportunidades. Acan fue auto - promovedor y posesivo sin respeto por las direcciones dadas por el liderazgo. El fue un solitario sin el concepto de equipo ministerial.
         Los otros 600,000 soldados también habían gastado tiempo en el desierto (paralelo a la preparación para nuestro ministerio); habían hecho sacrificios (épocas de escasez financiera y de obtener solo  pequeñas ofrendas); habían salido sin cambio de indumentaria (carencia de nuevos oportunidades ministeriales); y habían evitado la tentación de tomar el oro y la plata (mayores ofrendas y salario). Ellos habían soportado el mismo entrenamiento para la guerra en el desierto. Aún Josué, el comandante en jefe, no manifestó una actitud presuntuosa como hizo Acan. Ni lo hizo Caleb, quien tenía dos veces más años de ministerio.
         El síndrome de Acan hará que la gente sienta que están exentos de obedecer las directrices divinas y que tienen privilegios especiales sobre las cosas materiales a las cuales Dios ha colocado restricciones. Cuando ellos presionan su promoción personal, toman el oro que pertenece al tesoro de Dios y lo colocan en su propia “tienda” (ministerio), entonces la destructiva hierba Johnson se ha entretejido ya con las raíces del buen maíz.
         Cuando los cristianos pierden la visión mayor para que el cuerpo de Cristo entero tenga éxito, entonces la semilla de Acan se ha desarrollado en ellos como una planta de autodestrucción. Ellos han tomado la cosa maldita que Dios odia - el orgullo, el egoísmo y la auto - promoción que ocasionó la caída de Lucifer de su ministerio musical en el cielo. (Is. 14:12-15).
         El Propósito General de Dios es Nuestro Principal Objetivo. Nosotros que somos profetas debemos constantemente recordarnos a nosotros mismo que nuestro principal objetivo debe ser el cumplimiento del propósito general de Dios para su Iglesia, no poseer lo más que podamos o hacer nuestro ministerio el más grande. Por ejemplo, el propósito de Cristo para mi ministerio particular como un profeta individual es completar Su más grande propósito de levantar una compañía de profetas para los últimos días.
         Esta compañía internacional está llamada a un propósito más grande que es colaborar con Cristo para cumplir los planes de Dios para su Iglesia universal. La Iglesia de Cristo ha sido entonces llamada a colaborar con Dios en completar Sus propósitos para el planeta tierra.
         La mayoría de los problemas de raíz de ministros y otros miembros de la Iglesia serían eliminados si nosotros tuviéramos la perspectiva adecuada sobre el propósito de Dios para nuestra posición en el Cuerpo de Cristo.
          El apóstol Pablo retrató esta verdad cuando usó su analogía del cuerpo humano para describir la Iglesia, declarando, “sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1° Co. 12:27). Aunque hay muchos miembros, hay un solo Cuerpo con un propósito general.
         Interdependiente, no Independiente. Por esta razón, cada miembro tiene la responsabilidad de desarrollar su propia función y mantenerse adecuadamente relacionado a la cabeza, Jesucristo. El ministerio y el éxito de cualquier miembro individual no es un fin en si mismo; más bien se da para contribuir a la función y realización del Cuerpo entero. Y el Cuerpo entero fue formado y ahora funciona para cumplir el deseo y la dirección de su Cabeza.
         Nosotros no somos ministros independientes, sino interdependientes uno al otro y de las directrices de la cabeza del Cuerpo. Si nosotros tenemos la vieja perspectiva que insiste en que el profeta es un trabajador solitario, funcionando independientemente del resto de la Iglesia, entonces estamos sujetos a la trampa del egoísmo. La banana ya separada de la mata será pelada y comida. La oveja estando sola es devorada por los lobos.
         Si el ministerio profético es el ojo o la boca del Cuerpo, entonces no le puede decir a la mano o al pie “no te necesito”. El Cuerpo puede ser capaz de funcionar sin ciertos miembros, pero ningún miembro puede funcionar aparte del Cuerpo. Un miembro que se separa del Cuerpo se marchita y muere a menos que se le ponga algún tipo de sistema de apoyo de vida artificial.
         Pero Dios está ahora en el proceso de desconectar el sistema de apoyo de cada ministro que no está adecuadamente relacionado con el Cuerpo de Cristo. Cada miembro del Cuerpo enfermo con las células cancerosas de la exclusividad, el aislamiento y la independencia será quirúrgicamente removido por Dios. El sistema de raíz del síndrome de “mi ministerio y mis necesidades primero” será desenterrado y expuesto tal como es, luego rastrillado y quemado en el fuego purificador de Dios (ver Mal. 3:1-3; 1° Co. 3:12-15).

 

El espíritu de Acan se manifiesta a sí mismo cuando los ministros  vienen a estar tan envueltos en sus propias necesidades, deseos y ministerio que ellos piensan que tienen el derecho de tomar privilegios especiales y posesiones aún más allá que la de sus compañeros ministros. Este espíritu es una semilla de auto - engaño que llevará a los ministros a ser ley en sí mismos, con una actitud que insiste en decir “yo merezco mayores ofrendas y más oportunidades Si yo no las tomo por mí mismo, no las tendré. Si no promociono mi propio ministerio, nadie más lo hará”. Nosotros no debemos dejar que el enemigo venga durante la noche de tentación y siembre semillas como las de Acan en el terreno de nuestros corazones (ver Mt. 13:24-26).

 

 

 

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