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Familia Cristiana

Educar a los hijos: una tarea que comienza desde la panza

Esperar un hijo es una oportunidad que se te concede para exigirte más a ti misma.

“Un hijo es como una estrella a lo lejos del camino, una palabra muy breve que tiene un eco infinito”. ¿Recuerdas aquel maravilloso y mágico momento de tu vida en que te dieron la noticia de que serías mamá por primera vez? ¿Puedes evocar la cara de tu esposo cuando se lo contaste con el corazón rebozante de alegría? ¡Un hijo! Vamos a tener un hijo -exclamabas- tus ojos brillaban más que nunca y en ellos se vislumbraba esa nueva vida que ya crecía en lo más íntimo de tu ser. La mayor responsabilidad de sus vidas comenzaba. El proceso de educación a largo plazo se iniciaba a partir de ese momento para ti y tu marido. ¿Los encontraría preparados y sobre todos conscientes para llevar a cabo la gran tarea de la educación?
¿Qué es la educación? Podríamos decir que es un trabajo ininterrumpido en el que influyen, al mismo tiempo, mil detalles distintos, que se complementan entre sí, sobre todo, el propio ejemplo.

¿Estás embarazada? Es el momento de empezar a educar y sembrar el amor y sentimientos de seguridad. Puedes escuchar música clásica todos los días a hora fija y hacer tu oración incluyendo al pequeño que llevas en el vientre. Cuando oramos, nos abrimos al amor puro y verdadero. Al amor que no conoce límites, dejamos escuchar la voz de Dios en nuestra conciencia y si eres dócil, el Espíritu Santo te irá descubriendo esas zonas que necesitan crecer. Toda esta posición de apertura a Dios, el niño, tu hijo, la vive, la siente contigo y contigo la interioriza pues el único momento de tu vida en que es totalmente tuyo. Esta, por así decirlo “conectado a ti “, a tu corazón, a tus sentimientos, a tu conciencia. Todo lo que hagas en esos nueve meses, repercutirá en la mente y corazón de tu pequeño. Su sistema nervioso y la seguridad que muestre al venir al mundo dependerán, en gran medida, de lo que hagas cuando estés embarazada y esperando con ansiedad su venida al mundo. 
¿Qué más podés hacer? Permití que cada embarazo sea un nueva tarea educativa para vos. Porque sabés que llevás una vida que depende de vos y de tu estado anímico. Intentar leer cosas que te inspiren a ser una excelente madre y elevar a Dios tus oraciones, no dejar que circunstancias exteriores afecten tu paz mental, no dar paso al enojo y la tristeza, hacer ejercicios diarios por 30 minutos, tejer, tomar clases de pintura…todo aquello que te inste a ser creativa, son excelentes consejos. 
Si trabajás y tenés un  tiempo muy limitado, comprometete a reservar 20 minutos al día en un rincón de tu casa para comunicarte afectivamente con tu hijo.

El rol del padre

Seguramente sabés lo importante que es la participación de tu esposo en esta etapa tan importante y crítica en la vida de tu hijo. No permitas que él se haga a un lado en esos importantes nueve meses. Como papá y desde fuera, puede ayudar a educar a tu hijo en el amor y la aceptación. ¿Qué debe hacer?  
-Tener atenciones especiales con vos con el objeto de transmitir al niño lo que es la delicadeza entre los seres humanos, especialmente entre aquellos que han decidido ser uno. 
-Invitarlo a hacer una oración todos los días. Lo importante es que el niño interiorice la fe junto a los dos más grandes amores de su vida. 
-Por las noches invitalo a que ponga crema sobre tu vientre y transmita su voz y su amor al niño. Para tu esposo será una experiencia inolvidable, ya que a medida que el niño crece, el papá sentirá como es reconocido al empezar a golpear las paredes de tu estómago cada vez que lo sienta. Para tu hijito, esto es una vitamina psicológica muy importante, pues exclamará: ¡soy bienvenido!, ¡me aman!. 
Esperar un hijo es una oportunidad que se te concede para exigirte más a ti misma, para perseguir la madurez emocional, para tener un compromiso más auténtico con la fe que profesas pues no olvides que nuestra sociedad hoy más que nunca está urgida de seres humanos que estén dotados de una educación integral y sepan pensar con rigor. A pesar de que a veces tengamos la impresión de vivir en una sociedad quebrantada por la falta de educación de los valores morales y espirituales,  no olvides que mientras existan mujeres como tú, que se preocupen desde el mismo instante en que te sabes embarazada por el cuidado del alma de tu hijo, los seres humanos podremos seguir confiando y depositando nuestra esperanza en la bondad, entrega y fortaleza del corazón femenino.

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