Al que cree todo le es posible

AQUILES AZAR

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. -Marcos 9:23-24

Uno de los relatos bíblicos que más me atrapa es la escena que describe al padre de un muchacho endemoniado que está clamando a Jesús para que libere a su hijo. Un espíritu inmundo lo había tomado desde muy pequeño y lo tumbaba al suelo, lo estremecía y lo molestaba. Dice la Biblia que a duras penas salía de él o le dejaba durante algún tiempo.

Este hombre se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron» (vv.17-18). Entonces pidió que le trajeran al niño «y cuando el espíritu vio aJesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos» (v.20).

Encuentro en este texto dos puntos interesantes para resaltar. Uno de ellos es la simple expresión de Jesús: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. Y en segundo lugar, la peculiar respuesta del hombre: Creo, ayuda mi incredulidad. El hombre creía, aunque necesitaba ayuda para hacerlo.¿Cuántas veces nos sucede algo similar? Creemos, pero necesitamos la ayuda de Dios. La fe viene del cielo, no es el resultado de la razón sino que es puesta por Dios. Fe es creer, es estar persuadido, confiado, tomado del Señor. Fe es creer que lo que Dios dice es verdad y es caminar en ello. Pero sin la ayuda del Señor no podemos obtener absolutamente nada, ni siquiera podemos creer correctamente.

El Espíritu Santo es quien nos ayuda en nuestras debilidades para que podamos creer en Jesucristo. Creer que Él es el Hacedor de milagros y que suceden entre
nosotros porque Él está presente. Es interesante ver que todos los personajes que aparecen en la Palabra del Señor creyeron pero ayudados en un momento determinado por la Palabra, por el Espíritu Santo y porque Jesús estuvo presente.

Hoy en día, Jesús está presente en cada eventualidad,en cada momento y circunstancia de nuestra vida para ayudarnos. Él no lo llamó para que fuera un derrotado. Él lo llamó para que pudiera alcanzar lo inalcanzable en el nombre del Señor Jesucristo. El Señor no nos llamó a su Reino para que seamos uno más del montón. Él nos llamó para que hagamos la diferencia, para la honra y la gloria de su santo nombre. El Señor nos llamó para hacer algo nuevo, para restaurarnos y bendecirnos, a fin de dar a conocer el potencial que hay en nosotros.

Extracto del libro ¡Cree, todo es posible! publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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