Dios exalta a los humildes de corazón

Dios exalta al humilde, llena de su gracia, favor y plenitud a los que son dependientes de su amor y poder. El soberbio cree que todo lo puede solo, confía en su propia astucia. Reconoce al Señor en todos tus caminos y serás bendecido.

Audio:

En el evangelio de Lucas 18:9 se cuenta la historia de dos personas que oraban a Dios, uno era un fariseo, tipo de un religioso que se jacta de su rectitud y espiritualidad, y otro era un publicano, figura de un pecador arrepentido que reconoce sus fallas y pide compasión a Dios por perdón. El fariseo exponía ante Dios todos sus logros espirituales, daba gracias por su propia santidad, porque no engañaba, no adulteraba y no era como el publicano pecador. Por su lado el publicano oraba así: “Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador”. El relato termina diciendo que Dios perdonó al pecador y no al fariseo que se creía mejor que los demás. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para Dios. En cambio, los más importantes para Dios, son los humildes. Los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados. Recordemos que fuimos hechos del polvo y todo lo que somos procede de Dios, nada tenemos de qué jactarnos ante Él. Siempre debemos ir ante Dios sabiendo que todo lo recibimos de él; y es gracias a su amor que somos perdonados, restaurados, fortalecidos, bendecidos y levantados.

Oremos así:

“Dios mío gracias porque todo lo que soy y tengo procede de tu amor inagotable por medio Jesús. Me humillo ante ti sabiendo que soy débil, te necesito a cada momento. Es solo por tu gracia que soy perdonado, bendecido y levantado en el nombre de Jesús, amén”

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