Salmo 37 Biblia Hablada Con Explicación y Oración Parte 1

Ahora veremos la primera parte de un comentario devocional del Salmo 37, de los versículos 1 al 11. Escrito por Esteban Correa:

Versión Video de Salmo 37 con Oración y comentario (texto abajo)

Comentario preliminar

El salmo 37 está escrito con la forma de un acróstico basado en el alfabeto hebreo. Se utilizaba antiguamente esta forma para memorizar más fácilmente los textos utilizando cada letra con textos que nos enseñan a sabiduría, y nos dan consejos de Dios.

El salmo está dirigido a nosotros, no a Dios, son consejos útiles, principios espirituales y revelación escrita para nuestro aprendizaje y beneficio.

(Versículos 1 y 2)

“No te alteres por causa de los malvados, ni sientas envidia de los que practican el mal, porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como la hierba verde”. Salmo 37:1-2

El salmo comienza dándonos el consejo que no debemos enojarnos, amargarnos o fastidiarnos por causa de la obra de los malvados, porque el Señor es el Juez de todos, y aquellos que no se arrepientan de su maldad, es decir, que no vengan a Cristo, tendrán sus consecuencias. Dios es el Juez Justo, que no dejará que las obras de los malvados permanezcan.

La comparación que se hace de la obra de los malvados, es con la hierba verde, que vive y crece por un tiempo, pero pronto se seca y es cortada. Por eso debemos descansar en Dios cuando vemos injusticias y maldades, nada quedará impune. Puede que la justicia humana falle, pero a su tiempo Dios hará su propia justicia, valiéndose de un tribunal humano o sin él. La justicia que Dios ejecuta es perfecta, por eso no hay razón para vivir indignados o alterados por las obras de maldad.

(Versículo 3)

“Confía en el Señor, y practica el bien; así heredarás la tierra y la verdad te guiará”. Salmo 37:3

Esta es la forma que debemos actuar y vivir, contrastando las obras de maldad: Confiar en el Señor y practicar el bien. La fe y la obediencia van de la mano, cuando creces en fe, crecerás en obediencia, la fe es una actitud, un don que nos muestra a Dios y nos hace confiar en Él. La fe nos revela que Dios está y puede hacer cualquier cosa a nuestro favor, que no nos dejará desamparados. Si confiamos en su amor, debemos obedecer y practicar el bien.

Heredar la tierra es para nosotros vivir en la bendición de Dios, nada nos puede quitar su bendición que es nuestra herencia. Todo lo que Dios nos promete es nuestra herencia, y si confiamos y practicamos el bien, podemos estar seguros que el Señor nos ayudará, nos dará un tierra de bendición para nuestra vida en la que la verdad nos guiará.

El Espíritu Santo es quien nos guía a toda verdad porque nos revela las escrituras, que son la verdad. De esta forma no viviremos engañados y evitaremos caer en trampas, por eso necesitamos la verdad de Dios en nuestro corazones. La tierra de bendición es una tierra de obediencia, seguir la verdad de la palabra de Dios es ser fiel.

(Versículo 4)

“Disfruta de la presencia del Señor, y él te dará lo que de corazón le pidas”. Salmo 37:4

Ahora vemos un paso más en cuanto a nuestra consagración y conocimiento de Dios. Muchos saben cosas de Dios, creen y también practican buenas obras, pero tal vez les falte deleitarse en el amor de Dios.

La versión del biblia Dios habla hoy (DHH) dice así: “Ama al Señor con ternura, y él cumplirá tus deseos más profundos”. Nuestra actitud hacia Dios debe ser una relación de amor en nuestro ser, el Señor desea tener una relación de amor con nosotros, gozarse con nosotros, ser nuestro compañero constante.

La forma de enamorarnos de Dios para poder deleitarnos con Él, es conociéndolo poco a poco, teniendo revelación de su presencia y su palabra. A medida que oramos, que meditamos en su palabra, que tenemos hambre y sed de su presencia, un avivamiento espiritual ocurrirá en nuestra vida, que nos llenará de plenitud, gozo y fortaleza. Estar en la presencia de Dios es un deleite, y el Señor cuando encuentra en nosotros esa sincera búsqueda, se agrada, se deleita como nuestro Padre y amigo.

¿Cómo reaccionamos nosotros como Padres, si nuestro hijo no solo es obediente, sino además, desea compartir momentos con nosotros, desarrollamos una buena y amorosa relación? Seguramente allí estaremos para ayudarlos en todo, y para darles lo que ellos desean. Entonces, ¿Cuánto más nuestro Padre Celestial lo hará por nosotros?

(Versículo 5)

“Pon tu camino en las manos del Señor; confía en él, y él se encargará de todo” Salmo 37:5

Ésta preciosa promesa nos enseña que si ponemos nuestra vida y asuntos en manos del Señor, Él se encargará de todo. Es como que transferimos el problema hacia Dios, para que Él lo solucione, cambiamos una actitud interior en la que dejamos de confiar en nuestra propia capacidad, o fuerzas limitadas, y pedimos la intervención su intervención.

No se trata de lo que hagamos, o dejemos de hacer, sino más bien de la fe interior con la que hacemos las cosas, podemos pedir ayuda a otras personas si necesitamos, pero nuestra fe está puesta en que Dios está para ayudarnos y lo hará, sin importar los medios para solucionar un problema, tenemos que mantener la fe en Dios. Ésta es la gran diferencia entre un creyente y un incrédulo, por ejemplo, muchos pueden tratar de solucionar una misma cosa, de la misma manera, pero uno lo hace sabiendo y confiando que Dios está para ayudarlo, y el otro intenta solucionarlo, pero sin la más mínima expresión sincera, ni confianza en Dios. Cuando se nos dice que “dejemos todo en las manos de Dios” en verdad no significa que no hagamos nada, sino que todo lo hagamos con fe, esperando en la guía del Espíritu Santo. Porque Dios es quien nos abre la puerta y nos encamina a la victoria, Él podrá obrar en nuestra vida de formas tan diversas que nosotros no podríamos hacerlo. El incrédulo no pide, porque no cree que Dios obre a su favor. Pero lo cierto es que el Señor, es todopoderoso, y puede ayudarnos de tantas formas que nosotros no esperamos. Él se encargará de todo, cuando solicitamos y encomendamos nuestra causa en sus manos.

(Versículo 6)

“hará brillar tu justicia como la luz, y tu derecho como el sol de mediodía”. Salmo 37:6

Éste es un texto de consuelo, porque el salmo viene tratando el tema de las obras de los malvados y su conducta, que nos causan dolor, porque sus obras parecen extenderse con vigor. Debes saber que cuando estás siendo oprimido por la perversidad de los hombres y los ataques del enemigo usando a las personas, el Señor nos promete que hará resplandecer nuestra inocencia, justicia, fe y obediencia.

Los que se humillan ante Dios, serán exaltados, los que lo buscan en secreto, serán recompensados. La luz del amanecer es comparada a la justicia que el Señor hace por aquellos que han sido fieles y temerosos de su persona. Dios quiere reivindicar a sus hijos, Él te exaltará. Jesús dijo en Mateo 6:6, que los que oran al Padre Celestial en secreto, el Padre que puede ver en lo secreto, los recompensará en público, esto es delante de otras personas, y también delante de los perversos.

En la historia relatada en Génesis del capítulo 39 al 41, vemos que todos los que oprimieron al José, y fueron maltratadores con su persona, tuvieron que verlo ser puesto en el más alto de los rangos de autoridad de la nación Egipcia, teniendo que honrarlo. Es un tipo de exaltación que Dios tiene con sus fieles, José fue fiel y por eso fue exaltado, su justicia fue como la luz del amanecer hasta llegar a ser como el Sol del mediodía, en su máximo esplendor. Las cosas llegarán a cambiar en tu vida de tal manera, que muchos que hoy te afligen, tendrá que ver cómo el Señor te exalta, te bendice, te levanta y recompensa. Sus ojos lo verán, porque la justicia de Dios es fuerte, intensa como el sol del mediodía. Así lo dice también Proverbios 4:18 “Pero la senda de los justos es como la aurora: ¡su luz va en aumento, hasta la plenitud del día!”. Dios hará pública su exaltación en favor de quienes se han humillado delante de su presencia cuando nadie los veía.

(Versículo 7 y 8)

“Guarda silencio ante el Señor, y espera en él; no te alteres por los que prosperan en su camino, ni por los que practican la maldad. Desecha la ira y el enojo; No te alteres, que eso empeora las cosas”.

Esto es que no debemos levantar la voz de la queja, ni hablar con amargura por cómo prosperan los incrédulos y rebeldes, ni por los que practican la maldad. Descansar en la justicia y el tiempo de Dios, es la mejor manera de esperar.

Guardar silencio es un expresión que nos indica que no debemos llevar reclamos de queja ante el trono de Dios, que no debemos hablar de más, con cosas que contristan al Espíritu Santo.

Mantén una expectativa de fe, confiando en el obrar de Dios a tu favor, ante que abrir la boca con palabra deshonestas de ira, enojo, desagrado e incredulidad.

Guarda silencio también significa limitar las palabras a solo lo bueno, a decir y confirmar el bien de las promesas de Dios, reserva tus palabras para el agradecimiento y la adoración.

No te alteres, más bien pon en tu corazón la palabra de Dios, llénate del Espíritu Santo con hambre y sed de su presencia, en oración. Así tu boca se llenará de lo correcto, de lo verdadero. Guarda silencio ante el Señor es también la forma de esperar su respuesta. Es como decir: “no me quejo, no me altero, espero en el Señor”.

A veces quienes malvados o violentos, tienen tiempos de prosperidad, pero su fin no será bueno, el Señor nos advierte que sus consecuencias por negar a Jesús, son la perdición eterna, y además, así como Dios recompensa a sus hijos en público, también hace ver las consecuencias de quienes se oponen a su voluntad.

Vivir con enojos, ira o amargura, nos altera la paz que Dios nos quiere dar y no ayuda en nada. Los nervios que provocan perder la paciencia de forma permanente, afecta negativamente nuestra vida. Por eso el consejo es: mantente en paz, en silencio, con fe esperando en el Señor para ver el resultado esperado. La impaciencia conduce a tomar malas decisiones, y a terminar hablando cosas que no convienen, nos aleja más de Dios.

(Versículos 9 al 11)
“Un día, todos los malvados serán destruidos, pero si esperas en el Señor heredarás la tierra. Un poco más, y los malvados dejarán de existir; los buscarás, pero no los hallarás”. Salmo 37:9-10

La justicia de Dios se verá en toda la tierra, un día será juzgado todo acto de maldad para siempre en el Juicio final. Por eso nuestro tiempo de arrepentimiento y corrección de nuestra conducta es ahora, ya que nada quedará impune en el mundo.

Si esperamos en el Señor, heredaremos la tierra. Esta tierra de herencia tiene varias formas, por un lado tenemos el tiempo donde los israelitas necesitaban avanzar y establecerse en la tierra prometida, cuando era su esperanza heredar esa tierra conquistando cada lugar que el Señor les había entregado. Los malvados habitaban ese lugar, por eso ellos tenían la esperanza de removerlos de allí para tomar posesión de la tierra que les correspondiera y tener así bendición y paz.

También vemos que Jesús vino a establecer el reino de los cielos en la tierra por medio de la iglesia. Nosotros tenemos la autoridad y respaldo del cielo para establecer el reino de los cielos, tenemos una herencia que conquistar ahora en esta era para tener paz, gozo y victoria, derrotando derrotando al enemigo en oración, derrotado al pecado por el poder el Espíritu Santo y avanzar anunciando el evangelio a toda criatura para que muchos sean salvos. Esta es la forma de conquistar la tierra y vivir bajo las promesas de Dios. Hay un tierra de plenitud diseñada para cada uno de nosotros, por la que tenemos que luchar cada día, estando consagrados y esforzándonos. Jesús dijo que los que dejen sus intereses personales por el reino de Dios, recibirán cien veces más en este tiempo y luego la vida eterna.

En Marcos 10:29-30 en versión Dios Habla Hoy (DHH) dice así:

“Jesús respondió: —Les aseguro que cualquiera que por mi causa y por aceptar el evangelio haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o terrenos, recibirá ahora en la vida presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones; y en la vida venidera recibirá la vida eterna”.

Esta la segunda forma de “heredar la tierra de bendición” que Dios puso en cada uno de nosotros.

Jesús dijo también en Mateo 5:5 “Bienaventurado los mansos, porque ellos heredarán la tierra”.

Los mansos, en este caso no tiene que ver con nuestro carácter natural, que puede ser más tranquilo o más inquieto, sino con el fruto del Espíritu en sumisión a Dios.

Es una expresión puntual, usada para entender que todo lo que viene para nosotros, no será conquistado por medio de la violencia, la ira carnal, o la fuerza humana, con la que el mundo piensa que se alcanzan algunas cosas. Con Dios, los mansos heredarán la tierra, no los violentos.

Es por medio de la fe paciente y la obediencia a su palabra, que se logra la herencia.

La mansedumbre es un fruto del Espíritu Santo, necesario para obrar de acuerdo a la voluntad de Dios. Nuestras tierras de bendiciones, no están condicionadas por la fuerza, ni el ímpetu humano, sino por la mansedumbre. Nuestra fuerza procede de Dios y es la que nos da mansedumbre para alcanzar todo lo bueno que Dios tiene. Como dice Zacarías 4:6 no conquistamos con fuerza humana, sino con la fuerza del Espíritu de Dios. La mansedumbre es resaltada como la condición de esperar en Dios y su justicia, porque a su tiempo cada uno tendrá recompensas.

La biblia anuncia eventos futuros que también tienen que ver con la tierra que habremos de heredar. Un día todo poder y gobierno actual en la tierra, será sometido al reino milenial de Cristo, descrito en Apocalipsis 20:4-6. Y después, en los cielos y tierra nueva, llamada: “La Nueva Jerusalén”, ciudad que el Señor hará descender para nosotros, descrita en Apocalipsis 21.

#3 Oración final

En otras publicaciones, terminaremos el estudio del Salmo 37, a partir del versículo 12 en adelante. Suscríbete a nuestro canal de Youtube, para recibir los próximos mensajes.

Ahora hagamos juntos esta oración:

“Padre Celestial, gracias porque tu justicia es perfecta, me has dado la promesa de que espere en ti, para ver los resultados que deseo.

Encomiendo en tus manos toda cosa injusta que pueda estar viviendo ahora, junto con todo asunto que necesite resolver, para que te hagas cargo de cada situación, en el nombre de Jesús.

“Espero y confío en ti para ver resplandecer tu luz sobre mi vida. Dame la mansedumbre para que tu justicia se deje ver y herede todas tus bendiciones ahora y siempre.

Gracias por tu herencia, estoy avanzando en ella con las fuerzas de tu Espíritu. Recibo la tierra prometida para mí, en el nombre de Jesús”.

Desecho todo enojo, ira y amargura. Perdono a todo ofensor de mi vida. Te busco para deleitarme en tu amor, me gozo en tu presencia porque sé que eres bueno y me darás el deseo de mi corazón.

Espero, Pido y Proclamo todo esto en el nombre de Jesús. Amén”

Ver Parte 2 – Comentario del Salmo 37 con Oración parte II

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